D. Luis Campoy
Zueco
RECUPERACIÓN Y PRESERVACIÓN DEL LEGADO
SEFARDÍ EN ESPAÑA
PROYECTO DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL
Intervención:
Presidente de
la Red de Juderías de España
Señoras
y señores
Esta llave es de una
antigua casa de Tudela, una ciudad de Navarra, en
Sefarad, que tiene una vibrante historia y de la que
soy Alcalde hace más de siete años.
Esta llave sirve para
abrir un antiguo caserón de nuestra judería
cuya puerta se cerró en 1498, hace 500 años,
cuando la familia judía que lo habitaba hubo
de salir de la Península Ibérica a toda
prisa y con un destino incierto: quizás hacia
Berbería, o a los Países Bajos a través
de Francia; quizás embarcarse por el Mediterráneo
hasta Constantinopla...
HACIENDO MEMORIA
¿Qué pudo
ocurrir en esos momentos críticos de la Historia
de España para que se produjera un hecho de
tan crucial trascendencia como fue el Decreto de Expulsión
de los Judíos después de tantos siglos
de convivencia? Aquí las respuestas más
objetivas -pero siempre con un margen de incertidumbre-
la tienen los historiadores, que a la luz de documentos,
hechos probados e interpretaciones de los mismos,
obtienen sus conclusiones y dictámenes. Sin
embargo, y al margen de la frialdad estudiada de los
acontecimientos históricos, yo me atrevería
a apuntar algunas razones que inspiraron aquel Decreto
de Expulsión: intransigencia, envidia, deseo
de poder, persecución al débil, intolerancia
religiosa... Para haber transcurrido 500 años
de civilización, ¿no les parecen a Vs.
razones, conceptos, aterradoramente actuales?
Este hecho, sin duda
dramático en el pasado histórico español,
produjo importantes desgarros y convulsiones en el
seno de aquella sociedad de antaño, entre los
hombres y mujeres del pueblo llano, que se debatía
entre observar los radicales preceptos de una fe renovada,
cada vez más ortodoxa, y mantener las naturales
simpatías entre las gentes con las que se convive
durante generaciones y con las que se comparte un
solar vital relleno de problemas y anhelos similares.
Esta, vamos a decir,
ambivalencia social, produjo de una parte que durante
los siglos XVI y XVII se promovieron innumerables
procesos judiciales contra los denominados conversos
o también -más despectivamente- ‘marranos’,
a los que invariablemente se les acusaba de criptojudaismo
y de prácticas de brujería y hechicería
si bien estas últimas variantes de maldad se
reservaba casi en exclusiva para las mujeres. O que
se produjeran insólitos hechos de ignominia
como el de La Manta, enorme lienzo colocado en la
Catedral de Tudela, donde estaban escritos los nombres
de los cristianos nuevos o conversos, “para que se
conserve la limpieza de sangre y se sepa distinguir
la calidad de los hombres nobles”, según justificaban
las crónicas de la época. Pero por otra
parte también nuestros antepasados abrieron
su corazón a los perseguidos plantando cara
a los guardianes de una ortodoxia mal entendida que
se figuraba en la Inquisición. Tudela mismo
mandó al rey una advertencia a propósito
de haber recibido la ciudad un representante de este
enojoso Tribunal diciendo: “que nos quiten de aquí
ese fraile que se dice Inquisidor”; amenazando, de
no hacerlo, con arrojarlo al mismo río, el
tranquilo Ebro, a cuyas aguas se asoma Tudela apaciblemente.
Después el olvido.
Decenas de años educando la memoria colectiva
precisamente para desmemoriarla en esa parte concerniente
a lo judío en España, haciendo un esfuerzo
continuo por borrar de la memoria cuanto de hebreo
se mezcló en los ámbitos hispánicos
y fue quedando como poso permanente del vivir en España,
en Sefarad, de manera tenue, sutil, casi inadvertida.
Ese largo periodo de
olvido alcanza hasta el siglo XX, quizás antes,
época en que los historiadores recobran el
interés por lo judeo-español y lejos
ya de la presión religiosa pero sí afectados
por su influencia, se producen interesantes interpretaciones
de nuestra historia en la cual dan mayor o menor protagonismo
a las culturas no cristianas: lo judío y lo
musulmán. Así D. Claudio Sánchez
Albornoz, insigne maestro de la Historia Medieval
española, defendería con ardor que la
esencia hispana es propiamente de carácter
cristiano entendiendo que las influencias judía
y musulmana son extrañas al tronco cultural
español, mientras que su más enérgico
oponente, el no menos insigne D. Américo Castro
estaba convencido de que en la Historia de España,
lo que caracteriza la esencia española es precisamente
ese creativo mestizaje producido a consecuencia de
la mezcla milenaria de cristianos con musulmanes y
judíos; lo que es lo mismo, el rico intercambio
de culturas que comparten solar y modos de vida bastante
parecidos.
LA HERENCIA SEFARDÍ
EN ESPAÑA
Hoy es indudable reconocer
cuánto la cultura española debe a la
cultura hebrea, o cuánto de peculiar y específico
de la cultura judía que se desarrolló
en España ha pasado a enriquecer el conjunto
de nuestra cultura española y ésta es
tal por causa, entre otras, del influjo cultural sefardí,
reconociendo las peculiaridades propias de lo hebreo
de las cuales deseo resaltar una que se me antoja
especialmente singular: las manifestaciones externas
de esta cultura son poco expresivas en cuanto a edificios,
obras públicas o monumentos artísticos.
Por el contrario, es una cultura que se expresa a
través de creaciones intelectuales y religiosas.
Apenas si quedan restos de sinagogas, de algún
baño público... poco más; y de
lo que hubo no queda recuerdo de su esplendor. Por
el contrario, abundan las obras escritas de autores
judíos en ciencias, religión y poesía
y estos eruditos han dejado su huella indeleble en
la cultura occidental. Un desequilibrio que no deja
de ser sorprendente.
Ese carácter
poco expansivo en edificaciones propio de la sociedad
judía ha dejado -ya lo hemos dicho- pocos restos
arquitectónicos de relevancia: La Sinagoga
del Tránsito o Santa María La Blanca,
ambas en Toledo. Los baños rituales de Besalú,
en Girona; la sinagoga de Córdoba o la de Segovia
y poco más, que aun siendo escasos restos son
evidencias monumentales de su pasado esplendor. Sin
embargo en muchas ciudades españolas queda
memoria evidente y bien delimitada de lo que fueron
los barrios propios de estas comunidades, Las Juderías,
calles estrechas, tortuosas, de fuertes recodos y
trazados enigmáticos; arquitectura de intenso
sabor rural, poco ostentosa, austera más bien
y radicalmente enraizada con el paisaje que le da
cobijo, casas que hunden sus cimientos en la profunda
tierra para demostrar la centenaria raigambre del
judío en Hispania.
Mejor suerte ha corrido
el patrimonio documental, acaso porque era algo a
lo que no se daba importancia. Me refiero a documentos
escritos en hebreo de los cuales quedan sugerentes
ejemplares en los archivos españoles. Sin ir
más lejos, Tudela guarda varios ketubot en
pergamino y antiguas ordenanzas de su Judería.
En vivo contraste con
esta escasez de manifestaciones tangibles, la aportación
intelectual de los judíos a la cultura de occidente
es fundamental y se remonta a la época visigoda
aunque su eclosión definitiva se produjo durante
el amplio periodo de dominación musulmana:
en las ciencias (astronomía, matemáticas,
álgebra, no digamos en medicina, donde eran
archifamosos los ‘físicos’ judíos: los
propios reyes los tenían a su servicio. Y Miguel
Servet, natural de Tudela y judeo-converso sabemos
que fue descubridor de la circulación menor
de la sangre). Y en las humanidades, (religión,
filosofía, hermeneútica, poesía,
etc). No es necesario emitir una larga lista de varones
ilustres cuya luz intelectual ilumina el camino de
progreso, pero sí nombraré a Maimónides,
de Córdoba; a Nahmánides, de Girona.
Y por ser de Tudela Abraham ibn Ezra o Yehuda ha-Levy,
ambos polígrafos excelentes y éste acaso
el mejor poeta de la literatura hebrea.
De estos antiguos judíos
me llama poderosamente la atención su amplitud
de conocimientos y profundo dominio de las más
variadas ramas del saber tanto científico como
humanístico, a lo que frecuentemente añadían
una sutil interpretación del esoterismo religioso.
Además, su inveterada afición a viajar,
entendida como una suerte de peregrinación
cultural, los ponía en contacto con sociedades
alejadas y modos de pensar diferentes lo cual aún
enriquecía más su compleja visión
del mundo y añadía nuevas facetas a
sus vastos conocimientos. Pienso que pocas cosas abren
tanto la mentalidad humana como los viajes pues al
ponernos en relación con otras gentes aprendemos
a relativizar nuestra posición ante el mundo.
(En este sentido haríamos bien en utilizar
el viaje como terapia contra los furibundos nacionalistas
de toda especie).
Y ya que hablamos de
viajes permítanme Vs. la pequeña licencia
de evocar la figura de aquel intrépido viajero
del siglo XII, Benjamín de Tudela, ilustre
hebreo que llevó el nombre de mi ciudad hasta
los confines del mundo conocido y personaje enormemente
popular y muy amado por todo el pueblo judío.
Descendiendo a un terreno
más práctico y cotidiano, deseo referirme
a la gastronomía para hacerles notar cuánto
de esos importantes saberes, se trasmitieron con celo
de madres a hijas durante generaciones, como si se
trataran de altos secretos de alquimia doméstica.
Efectivamente, como en otros aspectos de la vida cotidiana
sefardí, la gastronomía no es una ciencia
trivial, algo que pueda tomarse a la ligera. Su práctica
exige productos variadísimos, exóticos
algunos y de primera calidad, cuidada elaboración,
tiempos medidos y el oportuno reposo para que las
comidas adquieran una particular sazón, guisando
recetas según la época del año
o la festividad religiosa. En este sabroso ámbito
de la gastronomía, la mujer ha jugado un papel
fundamental en un doble sentido: tratando un asunto
vulgar como es la comida diaria de una manera religiosa,
casi mística, llena de rituales y parsimonia
y preservando y perfeccionando para la posteridad
los excelentes secretos que conciernen a la cocina.
Sería interesante
rastrear las evidencias culinarias sefardíes
en la cocina doméstica española, como
la singular manera de tratar el despiece de algunos
animales, lavar la carne antes de guisarla o preparar
aparte algunos condimentos sin mezclarlos hasta su
cocción. Huellas de un pasado que pervive en
nuestros días y en nuestras propias cocinas.
Entiendo que esta complejidad culinaria es propia
de sociedades altamente cultivadas que demuestran
gran aprecio ante la generosidad de la tierra.
UN INTERÉS
CRECIENTE POR EL ESTUDIO DE LA CULTURA SEFARDÍ
El gran legado cultural
que la sociedad hebrea de España elaboró
hasta finales del siglo XV ha sido desigualmente tratado
y considerado. Ya hemos visto que hubo una época
caracterizada por la persecución religiosa
de lo judío, y una subsiguiente de olvido.
Desde el siglo XIX diferentes aportaciones de intelectuales
españoles y extranjeros empezaron a tratar
“científicamente” la cultura hebrea en España,
ya abiertamente considerada sefardí, surgiendo,
a mitad del siglo XX, la Revista SEFARAD, editada
desde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas,
como aglutinadora de los estudios históricos
sobre esta materia y a cuya sombra fructificaron los
conocimientos sefardíes de la mano de los eminentísimos
Doctores Cantera Burgos o José Luis Lacave
los cuales aspiraron no poco polvo de archivos y hollaron
las callejuelas de barrios destartalados que, para
asombro nuestro, eran las viejas juderías de
Sefarad. Estando los dos desaparecidos, a ambos dirijo
mis recuerdos con emoción.
Las tímidas reuniones
iniciales dieron paso a concurridos Congresos y proliferaron
las “Jornadas” o “Semanas” sefardíes, ocasión
que las poblaciones que ostentábamos pasado
judío dábamos para divulgar esta peculiaridad
cultural. Se obraron rehabilitaciones de edificios
y se dieron a conocer las juderías de nuestras
poblaciones aunque se discutía su alcance y
definición. En definitiva, se produjo un manifiesto
interés por el estudio del pasado judío
y fue normalizándose el tratamiento de aquella
época superando el desdoro con el que había
sido tratada durante centurias.
LA RED DE JUDERÍAS
DE ESPAÑA – “CAMINOS DE SEFARAD”
En este contexto de
marcado interés social por el pasado cultural
judío de España nació, en 1995,
la Red de Juderías de España – Caminos
de Sefarad por iniciativa de ocho ciudades españolas
caracterizadas por su historia sefardí brillante
y porque veníamos trabajando en su recuperación.
Toledo, Cáceres, Córdoba, Girona, Hervás,
Ribadavia, Segovia, y Tudela, (a las que se añadieron
después Oviedo y Tortosa), son ciudades de
indiscutible tradición judía, añadida
a su normal discurrir histórico, cuya cultura
mosaica ha engrandecido el nombre de cada una de esas
ciudades y dado prestigio a sus juderías. En
todas resta un rico patrimonio documental, memoria
de su población y restos desigualmente conservados
donde esa sociedad ejerció su vida cotidiana
conviviendo con sociedades de las otras religiones
monoteístas.
Pero ¿qué
es la Red de Juderías de España – Caminos
de Sefarad? Ante todo, una Federación de diez
ciudades españolas, más otras seis concertadas,
que poseen un rico patrimonio cultural heredado de
las pujantes sociedades judías que habitaron
nuestras ciudades desde pretéritos tiempos,
desde donde se planifican y ejecutan de manera coordinada
políticas públicas con objeto de recuperar,
mantener y divulgar ese patrimonio específicamente
sefardí.
Para la consecución
de sus objetivos, la Red de Juderías de España
cuenta con una organización bien comunicada
entre sus ciudades que da cumplimiento a las disposiciones
que anualmente se expiden por mandado de su Asamblea
General. Precisamente dentro de un mes se reunirán,
nos reuniremos en Tudela, los alcaldes de cada una
de las ciudades socias para evaluar las disposiciones
de la anterior Asamblea y para establecer las bases
de actuación de los próximos meses.
Esta reunión se celebrará en Tudela
porque durante este año 2002 le corresponde
la presidencia, que es anualmente rotativa. Un año
bien significativo para la Ciudad de Tudela este 2002,
en que estamos celebrando el 1200 Aniversario de su
fundación como Ciudad pues según consta
documentalmente, en el año 802 Tudela se fortificó,
convirtiéndose en una hermosa ciudad que se
añadió a las ciudades importantes de
aquel al-Andalus medieval y lejano pero esplendoroso
de hombres y culturas.
La Red no cuenta con
una disposición económica suficiente
para acometer obras de rehabilitación del patrimonio
monumental, que tan necesarias se muestran en determinados
casos. Pero anima y sugiere a sus asociadas a que
intervengan en su patrimonio a través de las
instituciones públicas que les dan apoyo y
orienta la posible captación de fondos públicos
y privados para este fin. La conservación del
escaso patrimonio monumental judío es indiscutible
pero de difícil arreglo precisamente por esa
escasez de medios económicos cuando existe
tanto monumento por restaurar. Aún así,
nuestras ciudades exhiben algunos resultados florecientes,
como la recuperación de las sinagogas de Toledo,
Córdoba o Segovia o el espléndido centro
de cultura judía de Girona, situado en pleno
call o barrio judío antiguo, ejerciéndose
políticas de recuperación patrimonial
en todos los conjuntos históricos, incluidas
las ciudades de Cáceres, Tortosa, Hervás,
Oviedo, Ribadavia y Tudela.
Los esfuerzos de la
Red de Juderías se centran en acciones de carácter
turístico y cultural, más adecuados
a su capacidad económica. Disponemos de materiales
turísticos del más variado carácter:
guías, folletos, carteles, mapas, pins, vídeos,
calendarios, etc. que se completa en la página
web con un sugestivo e innovador recorrido virtual
por cada una de nuestras ciudades cuya visita recomendamos.
En su día se produjo una edición especial
de sellos de correos con una imagen de nuestras ciudades;
cada población asimismo impartió un
curso de conocimientos sobre las juderías asociadas
que cuajó en una publicación. Se ha
confeccionado un inventario del patrimonio judío
de la Red; se realizan diferentes exposiciones itinerantes.
Especial atención merece la gastronomía:
una experta en cocina sefardí impartió
un curso a destacados profesionales hosteleros de
España, los cuales están a su vez impartiendo
cursos de cocina sefardí en diferentes ciudades
españolas de manera que se puedan ir introduciendo
en los menús de ciertos restaurantes platos
de raigambre sefardí, lo cual contribuye a
la difusión de esta cultura a este ámbito
de singular relevancia que es la hostelería.
A estas y otras actividades
que se planifican y se llevan a cabo por el conjunto
de las ciudades de la Red, se añaden otras
que específica y particularmente organiza cada
población y que las viene a distinguir y personalizar
del resto, actividades caracterizadas por su polifacética
variedad: lúdicas, como la Festa da Istoria
de Ribadavia; teatrales, como La Conversa de Hervás;
musicales, como el Festival de Música sefardí
de Córdoba; gastronómicas, como las
Jornadas Gastronómicas celebradas en Cáceres
o Segovia; de investigación histórica,
como las Jornadas Judaicas de Tudela; o una surtida
combinación de lo lúdico con lo cultural
y lo científico, como hace a lo largo del año
el Centro Bonastruc ça Porta, de Girona.
He aquí un esbozo
parcial, necesariamente incompleto, de las actividades
de la Red de Juderías de España. Vs.
saben que llevar a efecto estas intervenciones significa
coordinar el trabajo de muchas personas, contar con
fondos asignados suficientes y estar “motivado” por
algo más que por cumplir fríamente con
la tarea diaria. ¡Esa es la diferencia fundamental!
Y aquí deseo poner de relieve que cuantos estamos
implicados en esta empresa de recuperación
cultural que se llama Red de Juderías, trabajamos
con el CORAZÓN: hay algo nuestro en cada conversación,
en cada nueva idea que enriquece los proyectos. Porque
quienes nos hemos implicado en este plan lo hemos
hecho voluntariamente, aportando en este proceso de
rescate del pasado la nota de calidad, el valor añadido
del amor por lo que se hace.
Claro que todos
no lo ven de la misma forma y se comprueba con tristeza
cuántas puertas se cierran ante la desconfianza
y la incomprensión.
Sin embargo, no somos
adictos al desánimo sino a la perseverancia
y con la astucia que otorga la experiencia, la Red
de Juderías prosigue en su proyecto de iluminar
los Caminos de Sefarad, algo que vamos consiguiendo
paulatinamente; de forma directa mediante la puesta
en práctica de nuestras propias actividades.
Pero resulta curioso observar cómo de forma
indirecta y no prevista, pero desde todo punto lógica,
nuestro trabajo y, en cierta medida, el prestigio
alcanzado por la Red de Juderías ha hecho proliferar
el interés de lo sefardí en Sefarad.
De esta manera han surgido algunas redes paralelas
a la nuestra, como en Extremadura y Portugal o en
Aragón. Las peticiones de ingreso en la Red
se han multiplicado, debatiéndose en estos
momentos el posible ingreso de ciudades como León,
Sevilla, Mallorca o Barcelona. Cada día se
ven aparecer nuevas publicaciones. En las Universidades
surgen Departamentos de Estudios especializados en
cultura sefardí, proliferan los encuentros,
los congresos y los contactos internacionales especializados.
Las ciudades revisan sus inventarios patrimoniales,
promueven excavaciones arqueológicas, recuperan
documentos y publicaciones; encargan monografías
y sacan a la luz una historia que dormía en
el olvido. Se reconsideran las genealogías
y se advierten nuevos y viejos apellidos de origen
converso, que ya no avergüenzan a nadie y se
ven surgir Museos cuidados, pequeños, o exposiciones
monográficas, como ésta de MEMORIAS
DE SEFARAD que actualmente puede visitarse en Toledo.
Es decir, se
normaliza entre la sociedad española el tratamiento
de lo que fue la cultura sefardí y se advierte,
paralelamente, el compromiso de nuestras entidades
públicas en el mantenimiento y difusión
de la peculiaridad judía de Hispania. En definitiva:
puede contemplarse que algo ha cambiado para bien.
Y la Red de Juderías de España no es
ajena a toda esta eclosión.
PROYECTO EUROPEO:
ITINERARIO DE LA CULTURA JUDÍA
Uno de los grandes proyectos
en los que se halla inserta la Red y que antes he
silenciado premeditadamente es el que llamamos Itinerario
Cultural Europeo de la Cultura Judía, consecuencia
de un proyecto de cooperación Internacional
que se viene realizando desde hace tres años.
Tiene su origen en la Jornada de Puertas Abiertas,
en que se realizaban diferentes manifestaciones culturales,
coordinadamente en una decena de ciudades y que en
tres años ha sido capaz de implicar a 23 países
diferentes y ha celebrado más de quinientos
eventos en numerosas ciudades europeas. Lo que significa
que hemos sido capaces de concertar un día
para que prácticamente TODA Europa recuerde
y celebre festivamente la cultura judía. Que
no es poco.
Advirtiendo la
rica complementariedad que se produce entre las viejas
juderías de España, sus herederas del
Norte de Europa, de los Países mediterráneos
incluso de la exótica Estambul, con las modernas
de Centroeuropa y los países eslavos y balcánicos,
puede organizarse un Itinerario Cultural en Europa
en que pueda visitarse la peculiaridad de la cultura
judía que las ciudades quieran poner de relevancia.
Es un proyecto apasionante, realmente ambicioso en
su organización y que requiere importantes
desembolsos económicos. Un proyecto que actualmente
se encuentra en trámite ante instancias de
la Unión Europea para que examinando su procedencia
puedan otorgarle esa consideración institucional
que nos enlazaría en Europa siendo en este
caso la tradición un motivo más de unión
entre los pueblos europeos y para el cual reclamo
su apoyo no económico sino personal.
VUELTA A SEFARAD:
HOTELES BENJAMÍN (POSADAS)
En el transcurso de
mis palabras creo que he puesto en evidencia los grandes
pasos que en España se están dando en
la recuperación y preservación del legado
sefardí, movimiento general en este país
donde la Red de Juderías está ejerciendo
un papel dinamizador indiscutible.
Si en el aspecto cultural
hemos avanzado notablemente, en el social casi todo
está por hacer. En nuestras ciudades hay barrios
antiguos, juderías maltrechas, despobladas,
que languidecen en su decrepitud amenazadas por la
voraz piqueta que todo lo unifica y globaliza. Los
esfuerzos de nuestras Corporaciones Locales por mantener
esos reductos históricos en los Planes de Urbanismo
muchas veces sucumben ante la falta de argumentos
o se muestran débiles frente a las brillantes
y economicistas disertaciones de arquitectos y urbanistas
y promotores de la construcción desinformados,
desinteresados cuando no abiertamente desaprensivos.
Estoy seguro que todos mis compañeros Alcaldes
de la Red les podrían contar a Vs. como yo
mismo, dolorosos casos de desaparición en nuestros
cascos históricos. Los resultados de estos
procesos de cirugía operados en los barrios
judíos cuya antigüedad supera los mil
años, resultan patéticos y, en el peor
de los casos, son irrecuperables.
En este mismo Congreso,
desde mañana, van a oír Vs. propuestas
de futuro para Sefarad, entre ellas la invitación
para volver a la tierra que un día, lejano,
les hizo derramar las lágrimas de la partida
sin la esperanza del retorno. Pues bien, aunque sea
poco ortodoxo y pidiendo excusas de antemano, deseo
anticiparme ofreciéndoles la vuelta a Sefarad,
cuyas ciudades tienen las puertas abiertas esperando
su llegada.
En muchas ciudades de
España y en cada ciudad de la Red, existe un
abundante patrimonio urbanístico vinculado
a la cultura sefardí que espera pacientemente
su rehabilitación, la recuperación de
su dignidad histórica, ejemplo de lo que un
día fue habitación de sus antepasados.
Pero yo no les propongo que rehabiliten una casa de
nuestras juderías para que la habiten de manera
convencional. Escuchen.
Los Alcaldes de la Red
de Juderías nos comprometemos con Vs. a elegir,
dentro de nuestras juderías un edificio con
posibilidades de convertirlo en una Posada Sefardí,
un pequeño hotel con encanto, que esté
situado dentro del conjunto histórico, cuya
ambientación general recuerde y evoque el modo
de vida de la España medieval sefardí.
Que sirva de atractivo turístico para judíos
principalmente, como punto de referencia en sus viajes
por España; algo parecido, salvando todas las
distancias, a como cuando viajaba Benjamín
de Tudela, en el siglo XII y era acogido en las juderías
de las ciudades por donde pasaba.
Unos hoteles que pueden
tener, de manera inseparable, ámbitos culturales
que los personalice de los hoteles convencionales:
una biblioteca especializada, un centro de interpretación
de la cultura sefardí, un museo, la recreación
histórica de un personaje, o un poco de todo
ello. De manera que sean puntos de referencia de un
itinerario cultural por la España sefardí
Mientras en España
no se resuelva la forma de financiación de
los Ayuntamientos, cosa que va para largo, las Corporaciones
Locales no tenemos recursos suficientes para afrontar
la multitud de servicios que demandan los ciudadanos.
En consecuencia, ningún dinero para este proyecto
que les acabo de esbozar. Sin embargo, creo que a
toda la Red le sobra patrimonio, ideas y ganas de
colaborar en proyectos de recuperación que
conciernen a nuestra historia judía. Eso puede
arreglarse mediante convenios de colaboración
donde los Ayuntamientos pueden, podemos participar,
en aportar materiales, contratar especialistas que
colaboren en la puesta en marcha del proyecto, allanar
tramitaciones burocráticas, recuperar las cargas
impositivas, o de otras mil maneras que en cada caso
puedan darse. Si este proyecto de sustanciar su vuelta
a Sefarad es viable estoy seguro que sabremos encontrar
la mejor fórmula de colaboración.
CONCLUSIÓN
A lo largo de estas
palabras que estoy acabando de dirigirles, he querido
exponer a Vs. una aproximación panorámica
y necesariamente breve de cómo se considera
hoy lo sefardí en España que yo resumiría
en cuatro ideas fundamentales.
1ª La aportación
cultural sefardí a la sociedad hispana fue
de tan radical importancia que ha pasado a conformar
parte esencial de nuestro ser hispano, si bien la
brecha que produjo la Expulsión mitigó
su influencia.
2ª Existe hoy en
España un manifiesto interés en la recuperación
cultural de cuanto concierne a la sociedad judía
medieval que vivió durante siglos en la Península
Ibérica.
3ª Fruto del interés
cultural que acabo de mencionar se viene advirtiendo
el evidente compromiso de todo tipo de instituciones
en fomentar la preservación y recuperación
del patrimonio histórico de origen sefardí:
las administraciones públicas, (Ayuntamientos
y otras Corporaciones Locales), Universidades, Sociedades
de Estudios y otras entidades de similar carácter
que con su aportación de recursos humanos y
económicos contribuyen al redescubrimiento
y puesta en valor de una faceta olvidada de la cultura
española.
4ª Todo este fenómeno
de eclosión cultural sefardí ha sido
en gran parte propiciado por las acciones emprendidas
desde las ciudades que componen la Red de Juderías
de España que con su efecto multiplicador y
su capacidad organizativa ha sido modelo de actuación
en este ámbito. En este marco de recuperación
cultural, la Red les propone a Vs. el proyecto “Posadas
de Benjamín” como forma de iniciar el retorno
a Sefarad.
En definitiva, señoras
y señores, quiero trasmitir a Vs. una idea
general muy simple pero de meridiana claridad: en
España se vive un momento cultural muy favorable
en lo concerniente a la recuperación y conservación
de nuestro patrimonio histórico sefardí.
Es necesario aprovechar este momento propicio que
nos brinda graciosamente la Historia para que Vs.,
descendientes de aquellos españoles que un
día soportaron el exilio histórico,
puedan reencontrarse felizmente con esta Sefarad que
les tiende lazos para el afecto.
Devuelvo a Vs.
esta llave, símbolo del Congreso Sefarad Mundial
y símbolo de aquellas casas que hace quinientos
años debieron cerrarse camino del exilio. Con
esta llave podrán abrir la casa que les espera
en Sefarad.
Despedida