Aznar, José
Maía
Palabras de salutación
del Presidente al Congreso Sefarad Mundial.
Señoras y señores
congresistas:
La celebración
del Congreso Sefarad Mundial es una extraordinaria
oportunidad de reencuentro con España de la
Comunidades sefardíes de todo el mundo.
El hecho de
que este reencuentro se realice bajo el lema “La historia
con futuro” representa una acertada voluntad de que
el pasado no sea pretexto para reabrir viejas querellas,
sino una invitación a fortalecer lazos y reforzar
compromisos de cara al porvenir.
El Congreso Sefarad
Mundial ha elegido como símbolo una antigua
llave, como la que muchas familias sefardíes
conservan hoy, llegada de generación en generación,
de sus casas en Toledo, Gerona, Segovia o Córdoba,
abandonadas en la diáspora de 1492. La imagen
de la llave representa también toda la extraordinaria
herencia que los judíos de España se
llevaron consigo después de la expulsión,
y que guardaron en sus nuevos destinos alrededor de
todo el Mediterráneo.
La actualidad
de ese legado se manifiesta, más de quinientos
años después, en la lengua sefardí,
auténtico tesoro del español universal,
así como en la riqueza musical de la tradición
judeo-española y en la variedad de usos y costumbres
mantenidos en las comunidades sefardíes de
todo el mundo. Todo ello representa un patrimonio
único que España considera como algo
profundamente propio. Y también como una lección
imborrable, por lo que tiene de enseñanza para
cualquier nación la fidelidad y amor a la tierra
perdida de quienes, como los sefardíes, se
vieron forzados a abandonarla.
Un Premio Nobel
de Literatura descendiente de la familia sefardí,
Elías Canetti, escribió al recordar
el ambiente familiar de su infancia, arropada por
cantos y romances judeo-españoles: “Oí
las primeras canciones infantiles en español,
oí también antiguos romances españoles,
pero el elemento dominante, al cual un niño
no podía sustraerse en absoluto, era la mentalidad
española”
El autor de “La
lengua salvada” había acertado a resumir en
esa “mentalidad española” la pervivencia en
los judeo-españoles de una seña recóndita
que se transmitía de padres a hijos, en toda
su vitalidad: el orgullo de sus orígenes. El
orgullo de una Sefarad que era imagen de dolor y nostalgia,
pero a la vez memoria y recreación de un esplendor.
Los judíos
de España colmaron siglos de nuestra Historia
con aportaciones extraordinarias en todos los campos,
en la espiritualidad y en el pensamiento, en las letras
y en las artes, en las ciencias y en a técnica.
La conjunción de las culturas judía
e hispana siguió dando frutos excepcionales
en la diáspora, aun muchos siglos después,
conformando grandes aportaciones a la cultura occidental.
Y, por qué no recordarlo, también fue
un legado fértil en los descendientes de los
conversos que aquí quedaron.
Si nosotros los
españoles podemos acaso sentirnos descendientes
de las múltiples ramas de ese gran árbol
de Historia que es nuestra nación, no me cabe
duda que ustedes los sefardíes, españoles
de la diáspora, pertenecen por derecho propio
a sus raíces más profundas.
Los españoles
hemos aprendido, no sin mucho esfuerzo, a asumir nuestra
Historia. Y eso significa que hemos sabido reconocer
tanto los aciertos como los errores de quienes nos
precedieron. Pero ni pretendemos apropiarnos de glorias
pretéritas ni queremos que el peso de antiguas
culpas nos impida reconocernos en nuestro pasado.
Hoy podemos sentirnos
legitimados a revalorizar y difundir el legado sefardí,
como un patrimonio español que es tan nuestro
como lo es el andalusí. Y prueba patente de
ello es, por cierto, la magnifica exposición
“Memoria de Sefarad” que se inauguro la semana pasada
en Toledo y que les animo a visitar durante su estancia
en España. Lo es también el apoyo del
Gobierno, a través de diferentes organismos
públicos, en las iniciativas a favor de la
lengua sefardí, cuya presencia en el mundo
de la comunicación y de la edición debe
seguir siendo impulsada con decisión.
Les animo a que
la llave que simboliza este Congreso sea para abrir
puertas a un futuro de libertad y de convivencia.
Y les digo que quienes aspiren a este futuro encontrarán
siempre en España una tierra de acogida.
Muchas Gracias.